sábado, 21 de enero de 2012

Todo era perfecto, eramos los dueños del amor.


Nada nos faltaba, nada nos dolía, o eso nos decían los fantasmas del raro amor, del no-amor.
Los fantasmas que hicieron una nube de nuestra vida, en la que todo era perfecto, nunca había tormenta. Hasta que un día la nube se cargó de falsas esperanzas, de sueños rotos y de besos abandonados, entonces llegó la lluvia desenfrenada, la lluvia cargada de esperanza de rompió, nuestro pequeño cielo se nubló..
Y aquí sigo  yo, buscando un nuevo rayo de sol, que me quite las ataduras que llevo arrastrando desde hace tiempo, las que me atan a los malditos fantasmas del no-amor.