domingo, 16 de julio de 2017

Una promesa

Escribo esto, que algún día pretendo darte, en la siguiente situación: he tenido un día de mierda, no ha pasado nada especialmente malo, pero simplemente, ha sido un día de mierda. En estos momentos tú eres ajeno a todo esto, y es que tampoco tengo nada que contarte. Tranquilo, te voy a explicar por qué esto que te estoy diciendo es tan necesario. 
En ese estado, estaba tumbada en mi cama, no se si alguna vez te has sentido triste sin motivo, pero es una de las sensaciones más extrañas del mundo, sientes unas ganas de llorar a las que tu cuerpo no corresponde con lágrimas. Entonces, me he puesto música y he intentado buscar el motivo por el que podía estar en esa situación, he repasado mi estado vital actual, mis amistades, familia, y... he llegado a ti. Y, al contrario de lo que esperaba, ha sucedido algo que nunca antes en mis veinte años de vida había experimentado (y he estado en esta situación muchas veces), y es que, en vez de hundirme más en mi mierda, he encontrado un motivo para ser feliz. Sé que pensarás que tal vez esto es una tontería, que lo hago solo por escribirte algo, o porque soy "una rayada", pero no es así. En este momento tú has sido el único motivo que he encontrado para ser feliz. No para ser "normal", para vivir en este mundo sin más, no, para vivir siendo feliz. 
Dentro de poco va a hacer un año que empecé a darme cuenta de eso. Como ya sabes, esto no ha sido fácil, ni tampoco siempre bonito, lo nuestro ha sido "algo raro" durante demasiado tiempo, y soy consciente de que ha sido por mi culpa, pero ahora sé que si fue así es porque el destino lo quiso. Porque esa madrugada del seis de agosto sentí por primera vez que era yo quien cogía las riendas de mi vida. Era la primera vez que no le pedí a nadie permiso para tomar una decisión, que confié solo en mi misma y cambié el guión dos segundos antes de salir a escena. No buscaba más aprobación que la tuya. 
Hace poco te confesé que ese día no pretendía decirte las palabras que finalmente te dije, y no mentía, si no hubiera sentido ese impulso eléctrico inexplicable, tú y yo no estaríamos hoy aquí, y posiblemente no sabríamos nada el uno del otro. 
No sé qué me has hecho, pero me encanta. He tardado en ver lo mágico que eres, pero al fin lo he hecho, y sé que si a veces siento dudas es porque aún no he asimilado del todo que me perdonaras la espera, que sigas a mi lado a pesar de mis miles de defectos, que sigas haciendo, después de tanto tiempo, que cuando estamos juntos vuelen las horas del reloj, que sienta cada despedida como mil puñales en el estómago, que sigas rompiendo mis esquemas. 
Sé que esta no es una carta de amor al uso, pero.. ¿cuándo hemos sido nosotros de seguir algo "al uso"? Solo quiero que entiendas la parte más importante que quiero reflejar en esto, y es que te quiero muchísimo, y que si no te lo digo tanto como debiera es por miedo, porque sabes que no soy tan dura como intento aparentar ante los demás. Que intento ser una revolucionaria sin miedo cuando en el fondo la mayor revolución que tengo por delante es intentar llegar a tu corazón, sacarte alguna de esas palabras que sé que tanto te cuesta decir. No entiendes que cada uno de tus "te quiero" son lo único que me ayuda a sentirme bien conmigo misma. Mi único valor es estar contigo, porque cuando me abrazas haces no solo que te quiera un poco más cada día, sino que me ayudas a quererme a mi misma. Porque si estás conmigo... algo bueno tendré que tener ¿no? alguna razón te tuvo que llevar a pensar que yo, precisamente yo, era la persona que se merecía tus besos. Con eso, me sobra, no le pido nada más a la vida que no volver a ser gilipollas y apartarte de mi lado, porque sé que si alguna vez eso pasa será solo culpa mía, así que ayúdame a no hacerlo nunca. Te necesito, más que nunca. 
Solo prométeme que entenderás todo lo que aquí te digo, pues esto, aunque no lo parezca, es una declaración de intenciones. Una promesa por mi parte de abrazos y caricias infinitas, de te quieros desde lo más profundo de mi corazón, de echarte de menos a cada minuto que no esté contigo.  

¿Aceptas mi promesa? 

¿Qué es la felicidad?

Desde hace meses siento que algo dentro de mi no funciona. Siento que arrastro la culpabilidad de algo de lo que no soy capaz de perdonarme a mi misma. Aún no puedo aceptar que tú me lo hayas perdonado. Aún no me creo que alguien como yo tenga la suerte de tener a alguien como tú a su lado, y no estoy siendo banal, es que eres indescriptible. 
¿Por qué me has consentido el poder acariciarte el pelo mientras te tumbas en mi pecho, hacerte cosquillas en los puntos débiles que solo yo conozco, de verdad me lo merezco? 
Mi pecado es aún mayor, pues aún hoy he tenido momentos de dudas, porque creo muros de cristal entre nosotros y no soy capaz de destruirlos, y te pongo las cosas difíciles, y te doy una pequeña grieta con la que tú tienes que romper el muro. Creo que nunca sabré qué me impulsa a esto, tal vez ese instinto de autodestrucción que caracteriza al ser humano esté arraigando en mi más que nunca. Creo que no merezco la vida que tengo, tal vez ni siquiera merezca la vida; no merezco dudar de todo lo que me rodea una y otra vez, no confiar en nadie, ni en mi misma...
A veces olvido eso cuando estoy contigo, y creo que es lo único que me hace querer seguir aquí, saber que aunque ahora mismo no esté entre tus brazos, puedo estarlo. Que cuento las horas, los minutos para volver a ese rincón donde me acepto, porque... algo bueno tengo que tener si tengo a una persona como tú a mi lado. 
¿Es posible ser infeliz cuando no te falta nada, cuando tienes una familia estable, un grupo de amigos de toda la vida, una pareja que te adora...? Sí, y diré más, creo que es cuando uno es más infeliz. Y lo es porque es cuando has alcanzado "la tierra prometida", y sin embargo te sientes en el mismo infierno, preguntándote una y otra vez qué es lo que falla para que no te sientas tan bendecido como supuestamente estás, pensando entonces que tal vez el que fallas eres tú.
¿Existe la felicidad? en mi opinión solo como estado momentáneo, una breve grieta en la miseria de aquellas mentes inquietas que se sienten desgraciadas a pesar de tener "una vida perfecta". Ojalá aprender algún día a explotar esa grieta, porque yo no quiero seguir sumida en la oscuridad y solo ver la luz cuando tú me tiendes la mano, quiero beber de su luz y estar más cerca de ella que nunca, y quedarme a vivir en ella, aunque me queme.

lunes, 17 de octubre de 2016

1984

"El doblepiensa (creer dos verdades contradictorias al mismo tiempo) subyace también detrás de los nombres de los superministerios que dirigen los designios de Oceanía: el Ministerio de la Paz promueve la guerra; el Ministerio de la Verdad miente; el Ministerio del Amor tortura y asesina a cualquiera a quien considere una amenaza. Si eso parece irracional y perverso, recuérdese que hoy en día, en Estados Unidos, muy pocos consideran ilógico llamar a un aparato bélico "Departamento de defensa" o hablar en serio del "Departamento de Justicia", a pesar de las bien documentadas violaciones de los derechos humanos y constitucionales de su brazo más poderoso, el FBI. Se requiere de los supuestamente libres medios de comunicación que ofrezcan una información "equilibrada" en la que cualquier "verdad" se vea inmediatamente neutralizada por otra igual y opuesta.[...] Sabemos más de lo que nos cuentan, pero preferimos creer que no es así. Creemos y dudamos al mismo tiempo: es como si tener al menos dos opiniones acerca de casi todo fuese una condición del pensamiento político en un superestado moderno. No hace falta decir que eso resulta de inestimable utilidad para quienes ejercen el poder y tienen intención de ejercerlo siempre."

Epílogo de 1984, por Thomas Pynchon.

domingo, 28 de agosto de 2016

Ahora puedes mirarme sin miedo

[...extracto de algo que no supe expresar]
Es mentira eso de que la vida está llena de segundas oportunidades, las oportunidades se las busca uno mismo, y yo llevo tanto tiempo buscándolas en el lugar equivocado, que no puedo esperar ni un día más a lanzarme a por ellas, a descubrir a cada minuto algo nuevo tanto de él como de mi misma, solo con estar sentada mirándolo a los ojos, cuando no me quiere decir nada y no sabe que ya me lo está diciendo todo. 
Ahora puedes mirarme sin miedo, todo el tiempo que quieras, porque no hay escapatoria, nuestros ojos están conectados para siempre, y tus pensamientos ya nunca podrán huir de los míos.